febrero 18, 2011

Y yo, árbol… me quedo en vos...

Y me caí en tus ojos con el peso de la energía que brota desde el centro de nuestro propio cuerpo. Ahí me vi: vos tierra, yo árbol; vos ciencia, yo ficción.

Inventando historias me paseé por el hueco de tu olvido, por tus ganas de soledad. Con una mirada me dejaste en vos, mientras el miedo a mis pasiones me congelaba entre duelos pasados y diferentes sueños futuros.

El no querer que fueras mi hoy, el resignarme al encanto de tus facciones duras, el movimiento de nuestro fuego en rededor. ¿Cómo fue que me quedé en vos? ¡Y no sabes si intenté resistirme! A cada paso, a cada mirada, a cada caricia.

Pero esas caricias no distinguen coyunturas teóricas, porque hay posturas únicas que nos funden a los dos. ¡Ay, ese maldito terror al dolor! No me permito otra equivocación.

Avanzaste sin que me diera cuenta. Fuego con fuego me hice de vos. Nadie hubiera pensado, quizá en el tiempo, esta fusión.

Finalmente, en el encuentro de la materia, por más diferente que esta fuera, hay una conexión: Que la tierra hace al árbol y el árbol embellece a la tierra; Que la ficción produce ciencia y la ciencia también es ciencia ficción.

Y si hoy nos quebramos no tengas miedo, no es tan terrible vivir de a dos. Dos cobardes huyendo de la nada que este encuentro nos dejó.

No me hagas más preguntas, esta vez solo quiero sentirte. Vos no querías quererme, yo no quería quererte y sin embargo, por primera vez, nos quisimos los dos.