julio 12, 2010

Pausa

Petrificada en el tiempo, una vez más.

Con la voz muda y los ojos desencajados.

A mi lado la gente simplemente pasaba.

La imagen post-moderna aturdió mis oídos:

gente que viene y que va, que se mira y no se ve,

que se choca y nunca se encuentra.

De fondo percibí la música de mi vida,

con esa cuota casi exacta de blues y rocanroll.

Pude verme, estupefacta, encontrándome

como un punto minúsculo en la historia

de la humanidad: imperceptible, insignificante.

El frío invernal heló mi sangre otra vez:

mis ojos se encajaron nuevamente y

mi voz consiguió simplemente suspirar.

Continué caminando, sin motivación:

con la frágil consciencia de saber las

limitaciones de mi existir.

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