julio 27, 2011

Será que quiero volver a escribir como cuando era chica. Sin embargo, hoy no me salen las palabras que trasluzcan la erupción interna, el colapso, la angustia sin razón.

Y recordé esa libertad de acción y expresión que siempre me caracterizó. Y justo pensé: ¿será que llegó el momento del filtro? Pero ¿como es? ¿un filtro externo? ¿de sensaciones? ¿razzia interna? ¿verborragia contenida?
Que nunca me até a las normas de convivencia que me impuso la sociedad. Que siempre fui a contraluz, a contraviento. Que siempre grité de mil maneras, que erupcioné, que liberé, que desaté.

Grito contenido. El fin del telón. No, esta vez no me salen las palabras.
¿Será momento de adaptarme al filtro? ¿y mi libertad? ¿de eso se trataba? ¿de acomodarme? ¿de in-comodarme? ¿comunicarme? ¿in-comunicarme?

Siempre levantando las banderas de la lucha, siempre gritando lucha, haciendo lucha. Quizá esta vez la lucha sea interna. Quizá debía reflexionar sobre las políticas de mi yo consciente. Quizá nunca me preparé para esa lucha, quizá no había tenido tiempo de levantar mis banderas anti- conformistas.
No sé adaptarme al silencio, nunca fue mi idioma. Jamás lo será.

No importa que no pueda escribirlo, puedo conversarlo de noche conmigo misma y, aunque nunca me deje las cosas claras, expongo la lección más dura, la de gritarme en la mente todo lo que no quiero para mi.

Ya volverán las musas, me sorprenderán y trasladaré esa angustia sin sentido ni razón, la volcaré y la haré poesía. De esas que me liberaban ante nadie, ante mi misma.
Soy sujeto protagonista de esta historia de papel. Soy pasado, presente y futuro de las palabras que no dije, las que dije, las que diré. Siempre diré.

No, no me acato a vos querida sociedad. Tus normas de filtro no me representan, me vacían, me encadenan. El filtro esta en el nudo, pero lo voy a desatar, como hice siempre.

Resolver las contradicciones internas puede ser, a veces, la tarea más difícil. Pero esta lucha es la mía, la que llevo todos los días, como tantas otras luchas.
Y que, ante todo, soy militante de la vida. La transito, la vivo, la des-vivo, la analizo, la interpelo y siempre, siempre, me paro frente a ella y le muestro los dientes.

Que no hay nada que me avasalle, que no hay nada que me calle más que mi propio nudo. La batalla es contra él, contra el nudo.

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